¿WTF con los millennials?

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Quiero compartir lo que pienso no sobre “ellos”, sino sobre el estereotipo, los mitos, leyendas e historietas sobre las cuales se está no sólo construyendo una identidad generalizada, sino también tomando decisiones que moldean empresas (y hasta familias).

Tratar de explicar un grupo a través de una serie de rasgos, es tan falible como que hay tres tipos de enfoques en el aprendizaje (sí, ese del visual, audit… ¡ése!). Es cierto, podemos ver una “mayoría” comportándose de tal o cual forma, pero las personas somos tan distintas, nuestros cerebros tan complejos, y sus procesos tan incomprensibles, que no dejará de parecerme ambicioso y pretencioso el querer predecir el comportamiento sólo porque se pertenece a un grupo.

Voy a polarizar para irnos más rápido. En un extremo tengo ejemplos (todos reales) de frases que he escuchado de chavos, o que me las han platicado de primera mano:

Mis amigos, si alguien ha hecho las cosas fuera de las estructuras soy yo. Y no me asusta que nos salgamos del huacal y rompamos paradigmas. Prácticamente lo he hecho toda mi vida. El tema es que hoy se están confundiendo las cosas, y en muchas ocasiones he escuchado a directores y gerentes en grandes empresas decir:

Habiendo polarizado, estamos de acuerdo que sería injusto decir tanto que todas las personas que nacieron entre 1980 y 2000 (años más años menos) piensan como el primer listado, como decir que todas las empresas grandes se están adaptando como el segundo listado. Lo que sí veo que es cierto es que ambos listados tienen al menos 2 posibles interpretaciones: una inclinada hacia lo positivo, y otra hacia lo negativo:

(+) La empresa que escucha al mercado laboral de manera imparcial y adapta sus políticas, es una preocupada por la salud organizacional, independientemente de las generaciones.

(-) La que no lo hace con conocimiento de causa, está cumpliendo los caprichos de una generación estereotipada.

(+) Los chavos que aunque piden mucho de lo que viene en el listado, que son trabajadores, responsables, educados, y que buscan impactar en el desarrollo social pensando fuera de la caja, son o visionarios (a veces genios) o tienen un golpe de suerte (las condiciones precisas para actuar).

(-) A los que no tienen lo anterior, en mi rancho les decimos huevones y cómodos.

El problema está cuando una empresa que se mueve por modas contrata “millennials” flojonazos, y aunque en el fondo saben que hay algo que no está funcionando, les cumplen caprichos sin poner un alto, afectando y desaprovechando personas con antigüedad, experiencia, conocimiento, compromiso y otras virtudes.

En medio de la polarización existe un infinito espectro de posibilidades y colores en donde todos podemos tener de unos rasgos y de otros. Si de algo estoy convencido es que el comportamiento es situacional. Yo se supone que soy Generación X, y no necesariamente me define el infográfico que puso Pictoline en Facebook, el videíto de PlayGround, o la película de Reality Bites. A veces me he comportado como el más chiflado millennial, otras como todo un innovador responsable. He sido la empresa contratante que busca información para respaldar mis decisiones, y también me he ido con las modas y las tendencias. A veces he acertado y otras me he equivocado.

Finalmente no estoy a favor o en contra de una generación o de un tipo de decisión en los departamentos de RH. Simplemente estoy a favor de que reconozcamos que no hay ciencia humana, enfoque o disciplina que logre empaquetarnos o encajonarnos. Que entre los polos hay tantas alternativas como sorpresas nos sigue dando la vida, y que todas las personas sin importar cuándo nacimos, somos un lienzo en blanco para dibujarnos a nosotros mismos con las interacciones diarias con las que vamos construyendo nuestras realidades.

Lo mismo aplica en cuanto a nacionalidad, clase social, raza, religión, orientación política, sexual, gustos musicales o estructura familiar en la que vives.

Cómo dijo el buen Alan Watts: “tratar de definirte como ser humano, es como si tu diente tratara de morderse a sí mismo”. Quizá con este escrito puedo ser interpretado por algunos tomadores de decisiones en empresas como alguien que los entiende, quizá por otros cómo un crítico sin razón. Quizá soy visto por baby boomers y gen X como alguien que puso palabras a sus sentimientos en los últimos años; quizá por otros como un escritor de visión corta. Quizá soy visto por algunos millennials como una llamada de atención para no caer en vicios hedonistas de una sociedad superficial, y quizá para otros chavos soy sólo un grumpy old man.

Yo digo que hoy soy un poco de todos.

Por

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