El poder del ejemplo

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La frustración más grande que veo en los líderes es que sus equipos no hagan las cosas como se necesita que las hagan.

Hay muchos factores sobre el liderazgo que logran que esto suceda, pero hay UNO sumamente subestimado: el poder del ejemplo. En tiempos en donde la discusión sobre ser jefe y ser líder está en todos lados, podemos reconocer que los primeros pensamientos de miedo los vive el líder cuando, delante de los demás, lo legitiman como tal. “¿Seré lo suficientemente bueno? ¿En verdad merecía este puesto? ¿Y si me equivoco?”. Si no se superan, el líder termina haciéndose débil, acartonado, ausente o agresivo. Tristemente conocemos muchos así. La legitimidad formal de la función es importante, pero no determinante para lograr impactar a otros. 

La semana pasada un niño de 10 años le pedía a su papá que le comprara un libro. Una novela de más de 200 páginas. Letra chiquita. A mi esposa y a mí nos sorprendió la seriedad y el interés que mostraba el niño, así como su paciencia esperando que su papá se lo comprara. Mi esposa salió de la librería no sin antes felicitar al papá por el ávido lector. “Desde bien chiquito lee mucho”,  dijo el papá entre humildad y orgullo antes de que captara mi mal disimulada atención. Luego el papá le dijo al chico de la caja registradora si no tenían una versión más económica. Cuando éste contestó que ésa era la única, el papá le dijo al niño con algo de tristeza: “hijo, vamos a esta otra tienda a ver si hay uno más barato, si no, ahí ya utilizo la tarjeta de crédito”.

Como rana al estanque -y sin pensar- me metí en la conversación y les dije que sería un honor para mí regalarle ese libro al pequeño. Entonces vi cómo sucedió la magia. No en ellos. El chico de la caja, sin pensarlo dijo: “ah, en ese caso permítanme usar mi tarjeta de empleado y regalarles un 15% de descuento”. El niño nos agradeció inmediatamente, pero el colaborador de la librería, el papá y yo, teníamos una sonrisa de oreja a oreja. Me despedí y minutos más tarde vi cómo papá e hijo iban caminando contentos, él lo abrazó, le dio un beso en la cabeza y siguieron tomados de la mano.

A ese chico de la caja le pudieron haber dado un curso de inducción, un e-learning sobre las competencias organizacionales y el servicio al cliente, haberle pedido que firmara su descripción de puesto, haber tenido una junta donde su jefe en un uno-a-uno le dijera que es importante el enfoque al cliente, o hasta lanzar una campaña social tipo “Cadena de Favores“. Pero ese día, en menos de un segundo, la acción de un extraño impactó su comportamiento.

 ¿Qué no será capaz de hacer la acción y el ejemplo de quien es su jefe todos los días?

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